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ACERCA DE CUERPO Y CIUDAD

Ver artículo Diario Diagonales

Cada intervención crea un espacio donde dibuja su personal poética, con sus posibilidades y sus límites. Cada obra “es” en relación a ese fondo que las contiene, una tensión irresuelta entre cada mundo en si mismo y el entorno –la totalidad de las obras y los espacios en su simultáneo transcurrir-, y esas obras contenidas en este espacio Rojas y este espacio Rojas contenido dentro de la ciudad.

Hay dos conceptos en tensión: el de  localización de las acciones en un lugar y el de deriva, desplazamiento y circulación: incluso la posible invasión entre los artistas entre sí y con el público. Y la resonancia  de cada uno con el resto. Una resonancia que a veces incluye el conflicto territorial. Pueden ser fragmentos dispersos de una totalidad que solo el espectador que los transita podrá abarcar. Y siempre con una mirada parcial. El espectador elige sus trayectos, cada trayecto genera diferentes tensiones.

Podríamos pensar en mapas. Cada obra / performance condensa energía, la reagrupa, la dispersa, la multiplica. Son rastros, marcas, improntas en esa superficie – espacio- edificio Rojas: sus aulas, sus escaleras, sus rincones. Lugares más escondidos, más expuestos o más imprevistos. También existe el espacio vacío entre obra y obra. Es el espacio que contiene a todas estas obras -en esas dos horas de duración - lo que termina de organizar la construcción de la totalidad. La circulación está dada por el público que conecta esa diversidad.

El sentido de la obra está en eso que la vincula a un recorrido, que va más allá de cada una de las intervenciones tomadas aisladamente. Esa interacción es visible para el público, a veces invisible para cada uno de los artistas. Es relativamente visible. Como son los espacios, los ritmos, y los recorridos urbanos.

Adriana Barenstein, Proyecto Cuerpo y Ciudad.


Bailar en los andenes

Bailar en los andenes. La maravilla del instante.  Minúsculos movimientos que no esperan llegar a los bordes, segmentos que se mueven a tirones, líneas o vibraciones que se cruzan,  tiemblan y desaparecen. Líneas de desorientación en las minúsculas posturas de los cinco bailarines.

Colores mezclándose. Toda una conversación dentro de la conversación. Como en la calle, los fragmentos duros y filosos atravesados por líneas blandas.  Todo pasa al mismo tiempo.

Esto sucedió primero que nada: la mirada curiosa, sagaz, móvil del que pasa, pasajero, y se detiene. Respira sorpresa. Las caras que observan demasiado y se abandonan a la presencia sin querer descifrar con demasiada agudeza.  Obligados a ver con más sencillez hasta sentir durante unos brevísimos instantes la impresión de estar en un lugar extraño, o mejor todavía dejar de comprender lo que sucede o lo que no sucede. La ilusión de dejarse llevar.

Todo un juego de territorios, personajes fugaces, puras relaciones de velocidades. Ni más ni menos.

Movimientos, cuerpos, colores, ruidos que arrastran y avanzan en todas direcciones, huyen y se disparan entre las cosas, no en las cosas. Líneas que estallan.   Los pasos y las combinaciones que arrugan el espacio, lo rehacen. A veces bastan movimientos, ritmos, recorridos sutiles, para rehacer un lugar, habitarlo, inventar nuevos desafíos. Llenarlo y  descubrir que casi todo es posible,  incluso evocarlo.  (Adriana Barenstein , “Arte Subterráneo” publicado por Metrovías.)

 

Anónimos  fue otro “Anónimos” en el subte. Fue la velocidad sacudiendo el formato. Y también fue el formato entrando en esa dimensión casi automática que suele darse en la circulación subterránea.

Cuerpos disímiles a distintas velocidades y en distintas direcciones. Miradas curiosas, desafiantes, agresivas, cómplices, amenas… entrecruzándose  en el espacio con un elenco de ocho cantantes encarnando en voz y cuerpo lo que a los “anónimos” nos pasa.

¿Hay alguna posibilidad de que este cruce no se enriquezca mutuamente? ¿Puede “lo público” con sus distintas acepciones ser sólo contexto, o bien, automáticamente pasa a ser parte ineludible del texto escénico? En ese caso, ¿cuál es la letra que imprime en esta intervención? Imprime mayor intensidad. Imprime casi subliminalmente la invasión de palabras del repertorio musical en la boca de quienes transitan y reciben ese impacto. Imprime otro ritmo  y una mezcla de ritmos directamente vinculada a lo heterogéneo. Imprime agotamiento y conmoción.  Agotamiento que dista de comparación con  la sensación que la sala teatral produce. 

Conmoción inevitable por ser testigos de un cruce inaugural entre este tipo de propuestas y algunos de esos cuerpos. Imprime explosiones expresivas en el elenco. Imprime preguntas acerca de dichas explosiones. En fin…  imprime… Cuerpo y ciudad… La ciudad, marca y el cuerpo…  plagado de marcas. Huellas de antaño que se disparan y relatan. Y la voz,  objeto privilegiado de ese relato corporal. “ Ecos…  a cerca de la intervención de un fragmento de Anónimos en el subte…” Jessica  Pinkus Directora de “Anónimos” (lapinkus@hotmail.com)

…“La ciudad video-clip es la ciudad que hace coexistir en ritmo acelerado un montaje efervescente de culturas de distintas épocas: no es fácil entender cómo se articulan en esas grandes ciudades esos modos diversos de vida, pero más aún los múltiples imaginarios urbanos que generan.

No solo hacemos la experiencia física de la ciudad, no solo la recorremos y sentimos en nuestros cuerpos lo que significa caminar tanto tiempo o ir parado en el ómnibus, o estar bajo la lluvia hasta que logremos conseguir un taxi, sino que imaginamos mientras viajamos, construimos suposiciones sobre lo que vemos, sobre quiénes se nos cruzan, las zonas de la ciudad que desconocemos y tenemos que atravesar para llegar a otro destino, en suma, qué nos pasa con los otros en la ciudad. Gran parte de lo que nos pasa es imaginario, porque no surge de una interacción real. Toda interacción  tiene una cuota de imaginario, pero más aún en estas interacciones evasivas y fugaces que propone una megalópolis…” (Néstor García Canclini, Imaginarios Urbanos)

 “…Pues el desierto o el cielo, o el mar, o el océano, lo ilimitado, desempeña sobre todo el papel de englobante, y tiende a devenir horizonte: la tierra es así rodeada (...), “fundada” por este elemento que la mantiene en equilibrio inmóvil y hace posible una Forma…” (Gilles Deleuze, Mil Mesetas)

 “…Ruego al lector que se dirija a la noción de ciudad para apreciar su generalidad, y que tenga a bien recordar, para conocer su complejo encanto, la infinidad de sus aspectos; la inmovilidad de un edificio es la excepción; el placer es desplazarse hasta moverlo y disfrutar de todas las combinaciones que sus miembros, al variar, proporcionan: la columna gira, las profundidades derivan, de deslizan galerías, mil visiones se evaden del monumento, mil acordes…”  (Paul Valéry, fragmentos de  Escritos sobre Leonardo da Vinci)

  “...cada sociedad tiene su metro, impone a cada individuo itinerarios en los cuales aquél experimenta singularmente el sentido de su relación con los demás.”“ El metro por cuanto nos acerca a la humanidad cotidiana, desempeña el papel de un vidrio de aumento y nos invita a medir un fenómeno que, sin él correríamos el riesgo de ignorar...” “La frecuentación del metro nos enfrenta ciertamente con nuestra historia, y esto en más de un sentido.”  (Marc Augé, fragmentos de El Viajero Subterráneo)

“Poéticamente habita el hombre” (M. Heidegger)













Auspiciantes que nos acompañaron en las diferentes ediciones: 




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