“(…) Lo que hay son simplemente escenas de disenso, susceptibles de sobrevivir en cualquier parte, en cualquier momento. Disenso significa una organización de lo sensible en la que no hay realidad oculta bajo las apariencias, ni régimen único de presentación y de interpretación de lo dado que imponga a todos su evidencia. Poe eso, toda situación es susceptible de ser hendida en su interior, reconfigurada bajo otro régimen de percepción y de significación. Reconfigurar el paisaje de lo perceptible y de lo pensable es modificar el territorio de lo posible y la distribución de las capacidades y las incapacidades. El disenso pone nuevamente en juego, al mismo tiempo, la evidencia de lo que es percibido, pensable y factible, y la división de aquellos que son capaces de percibir, pensar y modificar las coordenadas del mundo común. En eso consiste un proceso de subjetivación política: en la acción de capacidades no contadas que vienen a escindir la unidad de lo dado y la evidencia de lo visible para diseñar una nueva topografía de lo posible. La inteligencia colectiva de la emancipación no es la

comprensión de un proceso global de sujetamiento. Es la colectivización de las capacidades invertidas en esas escenas de disenso. Es la puesta en obra de la capacidad de cualquiera, atributo de las cualidades de los hombres sin cualidades (…)”


Jacques Rancière, El Espectador Emancipado



“(…) La manera en que se forma una ciudad en función de los trayectos corporales. Esa es la razón por la cual las etapas y los lugares que esconden estos recorridos tienen un vínculo con un ritmo singular, el ritmo urbano (...)"


“(…) Un primer criterio relativo a la forma de una ciudad remite a la capacidad de un cuerpo individual para moverse infinitamente. Una ciudad debe ofrecer la posibilidad de trazar trayectorias corporales en todos los sentidos (los cuatro puntos cardinales) y todos los niveles(el horizontal, el alto, el bajo, el subterráneo). La condición de esta experiencia infinita es el marco urbano mismo: la infinidad de recorridos coincide con un espacio singular: En el campo o el desierto, la marcha puede ser infinita y el riesgo que se corre es perder la orientación; por eso hay que elegir una trayectoria y atenerse a ella. En esta clase de espacios, la infinidad del viaje exige una brújula. El espacio urbano, en cambio, al ofrecer un marco para la marcha, permite aventurarse sin perderse (...)"


“(...) La ciudad está circuscripta, la delimitación espacial es la condición de posibilidad re recorridos infinitos e insólitos. La ciudad es una entidad acotada, limitada y abierta hacia el ambiente que la rodea, pero ese carácter centrífugo (la ciudad se vuelve hacia fuera, hacia la periferia próxima o lejana) siempre está equilibrado con una relación (centrípeta) hacia el centro. Este dispositivo está en el origen de la paradoja urbana por excelencia: los recorridos son infinitos porque tienen lugar en un espacio circunscripto (...) es un espacio finito que hace posible una experiencia infinita (...)”


Olivier Mongin, La Condición Urbana


"(...) Considera, por ejemplo, los procesos que llamamos «juegos». Me refiero a juegos de tablero, juegos de cartas, juegos de pelota, juegos de lucha, etc. ¿Qué hay común a todos ellos?—No digas: «Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos “juegos”» —sino mira si hay algo común a todos ellos.—Pues si los miras no verás por cierto algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y por cierto toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Mira, por ejemplo, los juegos de tablero con sus variados parentescos. Pasa ahora a los juegos de cartas: aquí encuentras muchas correspondencias con la primera clase, pero desaparecen muchos rasgos comunes y se presentan otros. Si ahora pasamos a los juegos de pelota, continúan manteniéndose varias cosas comunes pero muchas se pierden.—¿Son todos ellos «entretenidos»? Compara el ajedrez con el tres en raya (juego de estrategia nació en Percia siglo V d.c). ¿O hay siempre un ganar y perder, o una competición entre los jugadores? Piensa en los solitarios. En los juegos de pelota hay ganar y perder; pero cuando un niño lanza la pelota a la pared y la recoge de nuevo, ese rasgo ha desaparecido. Mira qué papel juegan la habilidad y la suerte. Y cuan distinta es la habilidad en el ajedrez y la habilidad en el tenis. Piensa ahora en los juegos de corro: Aquí hay el elemento del entretenimiento, ¡pero cuántos de los otros rasgos característicos han desaparecido! Y podemos recorrer así los muchos otros grupos de juegos. Podemos ver cómo los parecidos surgen y desaparecen. Y el resultado de este examen reza así: Vemos una comcomplicada red de parecidos que se superponen y entrecruzan. Parecidos a gran escala y de detalle. No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión «parecidos de familia»; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. —Y diré: los «juegos» componen una familia (...)"


Ludwing Wittgenstein, Investigaciones filosóficas


“(…) El juego es una acción libre, considerada como ficticia y situada al margen de la vida real, capaz sin embargo de absorber totalmente al individuo que juega; una acción que no lleva consigo intereses materiales o utilitarios; que se desarrolla en un tiempo y un espacio expresamente definidos, según reglas establecidas de antemano, y que suscita relaciones sociales que fácilmente se rodean de misterio o acentúan mediante disfraces sus diferencias con la vida ordinaria (…)”


Johan Huizinga, Francia (1938)


“(…) En el punto quieto del mundo que gira. Ni carne ni descarnado; Ni desde ni hacia; en el punto quieto, ahí es la danza, Pero ni detención ni movimiento. Y no lo llames fijeza, Donde pasado y futuro se reúnen. Ni movimiento desde ni hacia, Ni ascenso ni declive. Excepto por el punto, el punto quieto, No habría danza, y sólo existe la danza. Sólo puedo decir, ahí hemos estado: pero no puedo decir dónde. Y no puedo decir cuánto tiempo, pues eso es colocarlo en el tiempo (…)”


T.S. Eliot, fragmento de Cuatro Cuartetos


“(…) ¿Cómo conseguir la cohesión? Es decir, ¿cómo puede un cuerpo mantener juntos los miembros esparcidos, los diversos fragmentos? Para decirlo de otro modo, ¿cómo puede cobrar forma un cuerpo urbano? El poeta responde recurriendo a varias imágenes de ciudad que evocan diferentes ritmos urbanos. Y otras tantas modulaciones del movimiento que se da en el interior de un conjunto (…)”


Olivier Mongin, La Condición Urbana


“(…) El infierno de los vivos no es algo que será: hay uno, es quel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos:buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio (…)”


Italo Calvino, Las ciudades invisibles


“(…) Los subterráneos de Buenos Aires y los de París tienen correspondencias secretas, alusiones poéticas y un oscuro bestiario, que trazan los límites de un país con lenguaje propio… El metro como intercesor entre el condicionamiento rutinario de la calle y el momentáneo despertar de otros estados de cenestesia y de conciencia. A diferencia de la marcha en la calle, donde las opciones y la vigilancia son incesantes, basta iniciar el descenso para que una mano invisible se apodere de la nuestra y nos lleve sin la menor posibilidad de elección hacia el destino prefijado. No se va de dos maneras diferentes de la estación Étienne Marcel a la estación Ranelagh: flechas y pasajes y carteles y escaleras anulan todo margen de capricho, todo zigzag de superficie. Pasajeros y trenes se mueven dentro de la misma relojería predeterminada, y es entonces cuando las potencias de la superficie se adormecen y puede suceder que accedamos a otros niveles; al liberarnos de la libertad, el metro nos vuelve por un momento disponibles, porosos, recipientes de todo lo que la libertad de la superficie nos priva, puesto que ser libres allá arriba significa peligro, opción necesaria, luz roja, cruzar en las esquinas mirando del buen lado (…)”


Julio Cortázar


“(…) Las calles se presentan, sobre to­do en las ciudades del modelo tradicio­nal europeo, como los pasillos de un laberinto urbano complejo, que escapa para una parte más o menos grande del dominio cognoscitivo. La calle es fundamentalmente un espacio abierto, lineal y público. Pero su apertura hacia el cielo implica mo­dalidades, formas de obertura del es­pacio vertical. El ángulo del cielo pue­de ser: abierto, semiabierto, casi cerra­do. Hay en ciertas culturas pasajes cu­biertos (Milán, Nápoles, Estocolmo), que abrigan un gran número de acon­tecimientos. Las situación del transeúnte pea­tón en la calle se estudiará a partir de las “esferas vehiculantes” del hombre que anda, de la mujer, del conductor de coche, de los volúmenes cerrados por límites visuales que constituyen territorios movibles de la mirada, son­deos sucesivos del paisaje urbano. Un hecho esencial es el encuentro del otro, ya sea en el anonimato, ya sea en el proceso ritual pero extraño del recono­cimiento. La mirada del otro crea el control social que se traduce, sólo en última instancia, en el poder legal, por eso “nos sentimos libres” en la calle. El encuentro del otro correspon­de a microescenarios de contacto o de evitación. Haremos un análisis de las situaciones tipo y de los costes gene­ralizados correspondientes. La estrate­gia cara a cara del desconocido urbano es conducir su «esfera vehiculante» o esfera de la mirada) para evitar al otro, tanto en la calle residencial, co­mo en la calle del centro o incluso en el «baño de multitudes» (…)”


Edgar Allan Poe


“(…) El sistema de circulación, que rodea los obstáculos de los bloques de viviendas,( «sistemas comprensibles» de la red urbana), está sembrado, «po­blado» de microacontecimientos esté­ticos, positivos o negativos (…)”


Abraham Moles y Claude Lefèvre


“(…) Mi única forma de arte es un breve viaje a pie por el paisaje (…).Lo único que tenemos que tomar de un paisaje son fotografías. Lo único que tenemos que dejar en él son las huellas de nuestros pasos (…)”


Hamish Fulton


“(…) El andar condicionaba la mirada, y la mirada condicionaba el andar, hasta tal punto que sólo los pies eran capaces de mirar (…)”


Robert Smithson


“(…) el rizoma es precisamente el espacio que permite estar a la vez en la profundidad y en la superficie, solo y múltiple al mismo tiempo, solo en la multiplicidad y múltiple sin formar masa, familia, organigrama, compañía o cuerpo de ballet (…)”


Georges Didi-Huberman


“(…) Lo múltiple hay que hacerlo, pero no añadiendo constantemente una dimensión superior, sino al contrario, de la forma más simple, a fuerza de sobriedad, al nivel de las dimensiones de que se dispone, siempre n-1 (solo así, sustrayéndolo, lo Uno forma parte de lo múltiple. Sustraer lo único de la multiplicidad que se constituye; escribir <añadiríamos aquí  bailar, pintar, etc> a n-1. Este tipo de sistema podría denominarse rizoma (…)”


G.Deleuze y F.Guattari


“(…) La forma mas sencilla del mapa geográfico no es la que actualmente parece la mas natural, es decir, el mapa que representa la superficie del suelo como si fuese vista por un extraterrestre. La primera necesidad de fijar los lugares en un mapa va ligada al viaje: es el recordatorio  de la sucesión de etapas, el trazado de un recorrido.

(...) Seguir un recorrido desde el principio hasta el final produce una satisfacción especial tanto en la vida como en la literatura (el viaje como estructura narrativa), y habría que preguntarse por que en las artes figurativas el tema del recorrido no ha tenido el mismo éxito, y aparece solo esporádicamente. (…) La necesidad de resumir en una imagen la dimensión del tiempo junto a la del espacio esta en el origen de la cartografía. El tiempo como una  historia del pasado (...) Y el tiempo en  el futuro: como la presencia de  obstáculos que

se van encontrando a lo largo del viaje, y ahí el clima se une con el tiempo cronológico. (...) En  definitiva, el mapa geográfico, si bien es estático, presupone una idea narrativa, está concebido en función de un itinerario, es una odisea (…)”


Italo Calvino, Il viandante nella mappa